Relatos de Paz del Canto
sábado, 11 de enero de 2014
jueves, 2 de diciembre de 2010
Un Show on Fire!
Y bueno, no voy a hablar de música porque no es mi fuerte –sólo fui privilegiada con una buena voz–, pero si puedo relatar mi experiencia de lo que fue el concierto de la banda alemana de rock industrial Rammstein, los cuales anoche, 25 de Noviembre del 2010 en el Estadio Bicentenario de La Florida, nos deleitaron con su power y pirotecnia.
Para empezar, compré mi entrada poco después que las empezaron a vender, no podía perderme la oportunidad de ver a una banda de estilo único y puesta en escena sin igual. Fui sola, sí, ninguno de mis amigos me apañó. He viajado sola dos veces y no voy a poder ir a concierto no? Mi vecino de asiento era un niño llamado Cristóbal, que no superaba los 10 años. Se las sabía todas, las canciones (nunca me quedó claro su si alemán era real o mula) y además me contaba lo que iba a pasar a continuación durante el show, entonces mis potentes binoculares me permitían no perderme de nada. Fueron esos dispositivos de visión los que generaron esa fugaz amistad entre Cristóbal y yo, me los pedía a cada rato para poder mirar jaja. Gran aporte el infante en todo caso.
El fuego fue un elemento presente durante todo el show, constantemente surgían enorme llamaradas en el escenario, además de los fuegos artificiales que tiraban al cielo cada cierto rato. Y por supuesto que no podía estar ausente el confetti. El show comenzó con una gran bandera alemana cubriendo el escenario, la cual se dejó caer tras un explosión y se dio inicio a un potente show con el tema “Rammlied”, de su último disco “Liebe ist für alle da”. Una serie de eventos jugosos y excéntricos ocurrieron durante el transcurso del evento, era que no, con sólo verles las pintas a los cabros se vaticinaba un espectáculo fuera de lo común.
El vocalista, Till Lindemann, durante la canción “Mein Teil” salió disfrazado de carnicero, ensangrentado y con un cuchillo que salía del micrófono. Esta performance tiene su origen en un caso real, en que un psicópata de Rotemburgo (más conocido como "el caníbal de Rotemburgo") publicó un aviso en Internet en el que buscaba un hombre que estuviera dispuesto a dejarse mutilar y comer. Más FREAK por favor. Que miedo!!!! Lo peor de todo es que ese aviso SI tuvo respuesta... Por supuesto que el psyco está en cana con cadena perpetua.
Christian "Flake" Lorenz, tecladista de Rammstein, no lo hizo nada de mal con sus performances, se mandó varios bailecitos excéntricos y robóticos (harto ritmo tiene el cabro les diré), pero el peak de su actuación fue cuando salió a dar un “paseo en bote” sobre el público de cancha VIP, quienes con su manos lo desplazaban por el espacio. Estaba además acompañado por un tiburón inflable. Esto tiene lugar durante la ejecución del tema “Haifisch”, que significa tiburón. Cabe hacer notar que para sorpresa del público, "Flake" sacó una bandera chilena, la cual agitaba vigorosamente.
Su baterista, Christoph «Doom» Schneider, no podía quedar atrás en cuanto a actuación. Se subió a una tarima de espalda al público, y al darse vuelta tenía un gran pene de plástico con el que “jugaba”, y de pronto comenzaron a salir de éste explosiones de fuegos artificiales. Literalmente ON FIRE! Till Lindemann no podía quedarse atrás, así que también hizo lo suyo con su falso pene, “eyaculando” sobre el público de cancha VIP.
Luego, el vocalista prendió fuego sin culpa a un miembro del staff disfrazado de fan que supuestamente se había subido al escenario, el cual corría por el escenario literalmente en llamas, hasta que un ser piadoso apagó su fuego. Pero además, un real fan se subió al escenario y levantó sus brazos en señal de júbilo, parado al lado de Till Lindemann (el cual permaneció impávido) y no pasaron ni 5 segundos y un guardaespaldas se abalanzó sobre él y lo sacó de un suácate.
Los chicos de las cuerdas, Richard Z Kruspe y Paul Landers en las guitarras, y Oliver Riedel en el bajo, mantuvieron un más bajo perfil, destacaron más por su talento y atuendos que por realizar bizarras performances. El talento está presente en los seis integrantes de la banda, destacando Till Lindemann con su potente y grave voz, la cual me hizo alucinar. Definitivamente una voz así deja loca a cualquiera.
El show finalizó con la canción “Te quiero Puta”, el único tema en español de la banda. Me da la impresión que fue a pedido del público, ya que antes que la tocaran el público la pedía a gritos. Pero como no podían quedarse sólo con una actuación musical, varias chicas góticas aparecieron en el escenario con sus trajes de sadomasoquista, qué más ad hoc para la canción que estaba sonando.
Extrañé los temas “Engel”, “Amerika” y “Sehnsucht”, pero bueno, no es relevante después de haber presenciado la mejor puesta de una escena de una banda que he visto en mi vida.
Nunca in my life vi tanta ropa negra junta, y cada pinta que derrochaba estilo gótico y dark. Yo por supuesto que no me quedé atrás, me vestí de negro de pies a cabeza.
Si Usted fuera un perro
Si Usted fuera un perro, le gustaría que lo pasearan con correa? Me pregunto que pensará mi perrita Chimoltrufia cuando le hablo en tono de débil mental o le canto las más absurdas y ridículas canciones.
El mundo debería estar regido por los perros, digo yo. Que maravilla sería una vida sin cuentas, gastos, ni preocupaciones. Pero hagamos la prueba, y póngase en el lugar del perro. Supongamos que yo soy su amo, Arístides, y usted es mi perro. Pero como llamarle Bobby! Ni Rocky ni que nada. Le llamaré Anksunamun, en honor a una atractiva esclava egipcia, amante del faraón. Así que si usted es hombre, no sólo le cambié su especie, sino que también su sexo.
Usted, es una hermosa y esbelta galga, que causa estragos en el sexo opuesto. Ni hablar de cómo la persiguen a usted y su amo cuando la saca a pasear. O sea, siendo humana podrá pegar un cachetazo, carterazo o charchazo, pero siendo perra, está perdida, de que la monten no se salva. Pero de que le gusta, le gusta. Su amo es el único que se disgusta. Y del control de natalidad, ni hablar! Ni anillo mensual ni anticonceptivos. Y su hombre se salva del molesto preservativo. Qué le importa usted, si en parto no gasta ni uno. Y la cantidad de críos que tenga no es inversamente proporcional a la cantidad de pretendientes.
Para qué hablar de su alimentación. Si tiene suerte y si su amo es pituco, capaz que hasta le tenga chef. De lo que si no se zafa es del baño, ni del champú extra bronce si su color es café. Para colmo, tiene gimnasio gratis, ya que todos los domingos participa usted en carreras de galgo, para que así su amo Arístides le compre diversas tenidas y accesorios. Sí, esos ridículos vestidos con vuelos y collares rosados con aplicaciones.
Ahora, si usted es quiltra, tendrá muchos nombres y hombres en su vida. Ni una gallina de campo será tan puta como usted! En cada esquina tendrá mino nuevo, claro que no será su trabajo, sino su placer ocasional. Su dieta no será tan encachada como la de la galga, pero se salvará de los baños de espuma y de indumentaria que le reste dignidad. Podrá hacer sus necesidades a su antojo, donde quiera y cuando quiera, sin aguantarse esperando que Arístides, Agapito o Eulogio la saquen de paseo, ni recibiendo reprimendas en caso de incontinencias. Tampoco será prisionera del collar ni de la correa, podrá parrandear por doquier, sin pedirle permiso a nadie, y mejor aún, sin poner cara de carnero degollado para dar explicaciones. Sí, esa mirada tan típica perruna, que derrite a cualquiera. Si hasta para eso son hábiles ustedes.
Y bueno, volviendo a la realidad, usted no es Anksunamun, ni Rocky ni Bobby, así que le sugiero que deje de perder su tiempo leyendo tonteras, y siga trabajando!
Un mundo ideal (¿o irritantemente fastidioso?)
Todos sueñan con vivir en un mundo de fantasía, donde trabajar no sea necesario y divertirse obligatorio. Un lugar donde los excesos sean normales, aceptados y celebrados. Conozco a unos cuantos que darían lo que fuera por vivir en un mundo de libertad de acción y conductas de dudosa moral y reputación. ¿Pero qué pasa cuando en lugar de excesos, escasa moral y libertinaje, se vive en un mundo de sonrisas que parecen falsas, moral intachable y conducta recatada?
Recuerdo la irritante película Pleasantville, donde todo era “perfecto”, tan perfecto que era un fastidio. En el mundo en que vivimos, al menos en el que yo vivo, eso de que el marido perfecto llegue a casa con un “I`m home” y su adorable esposa tenga una deliciosa cena servida, prácticamente no existe. Me molesta sobremanera ese absoluto machismo. Yo personalmente, de cocina se un poco más que de física cuántica, y dudo que alguna vez pueda sorprender a mi futuro marido (si que algún día tengo claro) con un sabroso banquete, no por falta de capacidades, sino por absoluto desinterés por las artes culinarias. Me gusta tragar el producto de estas artes, pero para la creatividad, mi interés va por otros ámbitos.
Volviendo al tema del mundo perfecto, es sorprendente la escena en que queda en evidencia que los habitantes de Pleasantville no sólo no tienen ni la más remota idea de lo que es el sexo, sino que, además, seguro deben reproducirse como los organismos hermafroditas o por obra y gracia del espíritu santo. No se quién pueda encontrar perfecto o privilegiado vivir en un lugar en que el sexo simplemente no existe. A lo mejor los curas y las monjas (espero no ofender a los católicos), pero un ser común y silvestre difícilmente podría ser plenamente feliz o al menos conforme con tal abstinencia y celibato. El nivel de neurosis de sus habitantes sería insoportable, y la gente andaría tan tensa que sería más rígida que los postes del alumbrado eléctrico. Embustero es tal que dice que podría llegar a soportarlo…
El mundo ideal socialmente aceptado, donde todos andan irritantemente felices y tienen una moral intachable, se contrapone al mundo que realmente todos sueñan con vivir, un mundo de libertad, donde la moral importe un cuesco con tal de pasarlo bien. Entonces tenemos a Pleasantville enfrentándose a una versión más light de Sodoma y Gomorra. Pero seamos honestos. ¿Realmente quieren vivir en un mundo ficticio tan aburrido, cartucho y acartonado? ¿O prefieren darse todas las licencias que siempre han querido y comportarse como les de la regalada gana? De todo hay en la viña del Señor, y sobre gustos, no hay nada escrito…
Quiero tener súper poderes
¿Se imaginan que con un abrir y cerrar de ojos aparecieran en Samoa o Bora Bora, como por arte de magia? ¿Que con sólo mover la nariz el caos de tu pieza se hiciera orden?
Sin embargo, y hasta donde yo se, eso no es científicamente posible. ¿Pero acaso hablaré de ciencia? No lo creo… No por que no veas más allá de tu nariz, implica que no esté ahí.
A mi personalmente me encantaría poder volar. Percibir la increíble sensación de flotar en el aire, sintiendo el viento en tu cara y viendo todo el planeta a una escala diminuta. Además, el ahorro en pasajes aéreos sería descomunal. Me imagino que las aerolíneas no estarían muy contentas.
Pensándolo bien, si tuviera súper poderes, no escatimaría en ellos. O sea, ¡cuántos malos ratos me ahorraría! con el don de la clarividencia. Sucede que yo sí tengo súper poderes. No soy psíquica, no puedo volar, ni mover objetos. Puedo soñar e imaginar todo lo que deseo, incluso aquello que está en mi inconsciente.
Recuerdo que lo último que soñé es que vivía en Utopía. Un mundo perfecto, donde las preocupaciones y problemas no existen. Habitan ahí seres mágicos. Grommo es un elfo. Lo conocí un día que recogía hongos mágicos. Apareció de la nada, con una bizarrísima vestimenta y una aún más extraña mascota. Una mezcla perfecta entre un chihuahua y un Pegaso. Su piel era azul y tenía un gracioso sombrero. ¿Será un pitufo?, pensé. Se rió al ver la influencia que tuvo en mi ver tanta televisión.
Me invitó a su casa a tomar sopa de tartarafu. ¿¡Tarta qué!? Había que correr el riesgo. La decoración de su casa parecía sacada del set de “El Señor de los Anillos”. Grommo parecía la encarnación de Frodo. Comimos la famosa sopa, uno de los más ricos manjares que jamás he probado y probaré. La acompañamos con los hongos mágicos, sí, esos mismos, los rojos con pintitas blancas. Luego de un rato, empecé a sentirme extraña, liviana, y por dios que vi cosas raras. ¿Acaso en Utopía se drogan? ¿No se supone que es un mundo perfecto? Sin embargo, no todo fue tan malo, porque comprobé que borracho es muy improbable ver elefantes rosados, pero bajo el efecto de estas setas mágicas, no sólo los vi, sino que además bailaban a un ritmo celta con influencias del reggeaton. Plop…
Sin duda es la experiencia más bizarra que he tenido. Como también lo fue cuando soñé con un mundo kitsch. Mi vestimenta era realmente MACABRA. Unos pantalones de leopardo, una polera de plush fucsia y unas plataformas des-co-mu-na-les. El peinado era aún peor, como sacado de una peluquería de mala muerte de los 80. Sonaba a todo pulmón, desde una camioneta enferma de chabacana que sin duda le rendía tributo a “Enchúlame la máquina”, René de la Vega. ¿Alguien se acuerda de él? Sólo se que cantaba “Chica Rica”.
Fue entonces cuando conocí a Tony Estrada. Un caribeño alegre como el solo, y de un gusto que dejaba mucho que desear. Animaba todas las noches en el Club “La Cucaracha”. La música, siempre estridente, invitaba a bailar con las más exóticas coreografías. En eso apareció la doble de Paula Abdul, esa cantante de origen árabe que es jurado de “American Idol”. Me sentía completamente ajena a estos bailes. Al ambiente, a la gente y hasta al aire. Sin más remedio me fui a la barra. Pedí un “Pink Flamingo”, trago originario de Miami que, como dice su nombre, era rosado. Ahora, qué contenía, sólo lo sabe el barman. Malo no era en todo caso. Y es lo más parecido que he visto a la famosa limonada rosa. No, no tuvo el mismo efecto que los hongos mágicos (si es que a drogarse se le puede llamar “magia”). Es más, no tuvo efecto alguno, y sumida en mi aburrimiento, le pedí a Tony que me mostrara más cosas de su mundo.
Me llevó a andar en yate por un mar calipso. Como todo en este mundo, el yate era un mundo de excesos y mal gusto. El fondo del yate era de vidrio. Vi medusas de colores, calamares gigantes y jaibas amarillas. Parece que hasta los animales tenían el peor de los gustos. Definitivamente este mundo me agotó. Demasiado estímulo visual, pero del malo.
Estaba a punto de entrar en un mundo llamado “Ibiza”, el paraíso de las fiestas, cuando un sonido infernal me despertó. ¡Maldito despertador! Lo hubiera roto en mil pedazos. En ese minuto sí que quise tener súper poderes, para así poder seguir soñando con mundos irreales.
Cómo fue que caí en los brazos de un delincuente
No se cómo fue, pero pasó… El encanto ciega, seduce y modifica el actuar. Es como una droga, un placebo, que no te deja ver la realidad. Te enceguece a tal punto que no puedes ver más allá de tu nariz.
Apareció de la nada, en una isla paradisíaca, perdida en medio del Océano Índico. Guapo, simpático, gracioso. Su perfil psicológico distaba mucho del de un malhechor. Atento, cariñoso, culto y hábil. “Hábil”. Ese sin duda es el rasgo más característico de un pato malo. Ser ¡PILLO! Así fue como caí, como en el pasado habrán caido varias más. Con su labia y palabras bonitas, admito que me cautivó. Sin embargo, algo en él siempre me dio una extraña impresión. ¿Mala espina? No sé… Pero había “algo” que me perturbaba de él. Que no me cuadraba. ¿Enrollada? Maybe… No le hice caso a mi instinto esa vez. ¡Gran error! Pero en el futuro mis instintos y mi sexto sentido, sin duda, comandarán mis elecciones y destino.
Enceguecida seguí una historia de amor que tal vez nunca debió ser. No estaba enamorada, pero sí lo suficientemente encantada como para no ver. Y no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Ya, ok. Soy desconfiada. ¿Pero imaginarme que el hombre que quise era o fue (y tal vez sigue siendo) un DELINCUENTE? ¡JAMÁS! No llegan a tanto mi paranoia e inseguridad.
Es impresionante la capacidad del ser humano para mentir y hacer daño. Tanta mentira y omisión matan al más fuerte amor.
Esa es mi historia. Los detalles de su prontuario me los guardo para mi. Sí, lo voy a superar, pero difícilmente olvidar. No me refiero a él o a lo que hubo entre nosotros. Eso ya lo olvidé, ya murió. Sino, más bien, que caí en los brazos de un delincuente… Eso tan fácil no se olvida… Espero algún día poder reírme de todo esto. El dolor pasa, y esto no pasará a ser más que una anécdota. Una INSÓLITA anécdota, que sólo a mí me pueden pasar…
Una gran actriz
Soy actriz. Y de las mejores, considerando que jamás estudié actuación. Actúo día y noche en mi propia vida, escribiendo mi propio guión y esquivando aquel que me escribe el destino. Soy en ella un personaje, pero conservo mi esencia. ¿Dejo por esto ser persona? Yo no lo veo así… Por lo demás, mi gran actuación tiene un fin en sí.
Todo comenzó pasado mis veintes. Digamos que durante ciertos períodos, y por una década, me he visto sumida en situaciones extrañas, oscuras y perturbadoras. No, no soy psicópata, ni asesina en serie. Tampoco finjo ser otra persona ni asumo identidades ajenas. Simplemente soy una mortal cualquiera, un poco particular comparada con otros, si hasta algunos me tildan de excéntrica… Actúo no para vivir otra vida, sino, más bien, para esconder mi dolor a quienes me rodean. Muchos alguna vez me habrán tratado de egocéntrica, individualista, e incluso, egoísta. Esconder mi dolor refuta todas estas afirmaciones. Es un acto generoso. ¿Para qué compartir experiencias que en algunos de los que me rodean podrían provocar amargura? Por lo mismo, mi rol de actriz, dista mucho de ser un acto de egoísmo…
Y bueno, como decía, una serie de eventos desafortunados (sí, como el título de una siniestra película protagonizada por Jim Carrey) ha azotado mi vida. Sí, he perdido seres queridos, pero eso es parte de la vida. Además, creo en la vida después de la vida, así como en la vida en otros planos y en la reencarnación. Aquellos eventos mencionados se relacionan más bien a errores del pasado. ¡Y que pasado! ¡Podría escribir un libro sobre eso! ¡Bah! ¿No es acaso eso lo que estoy haciendo?
De esos eventos oscuros los culpables son varios. Mi grado de culpa existe, claro, ya que he hecho muchas malas elecciones en mi vida. Hombres que no valen la pena, gente que no vale la pena, y tantas más… Los otros imputados son la gente que alguna vez me ha rodeado, y por sobre todo: mi mala suerte. Hasta le echado la culpa al karma, a la brujería, que estoy pagando mis pecados de vidas pasadas, ¡y hasta a los ovnis! ¿Pero qué culpa pueden tener los marcianos, selenitas o venucianos? Too much…
No creo necesario entrar en detalle de mi infortunio. Sólo pretendo exponer que muchas veces nos escondemos tras caretas, y no para ser hipócritas, sino para ocultar un profundo drama personal, que no se quiere mostrar ya sea por orgullo, o por no herir al resto. ¡Y vaya que soy orgullosa!
Mis caretas son varias. Está aquella que esconde mi dolor, y finge que todo está bien y que es feliz. Y esa otra que se aísla del resto, porque por orgullo, o la razón que sea, no quiere que el mundo sepa que está mal y que por dentro grita que necesita ayuda.
El asunto es que este papel me ha salido muy bien. Nadie sospecha siquiera lo desdichada que me siento muchas veces, ni la carga que llevo. Durante todos los años que he personificado a este nuevo ser, que finge ser feliz y que todo es perfecto, lo he hecho muy, pero muy bien…
El asunto es que me aburrí de ser actriz. Quiero gritarle al mundo que no estoy bien, que me siento sola, incomprendida, que la mala suerte me persigue. Y decirle a gritos a toda la gente que alguna vez fueron amigos cercanos (y a los que todavía lo son): ¡HELP!
Ya no quiero actuar. Quiero sanarme y volver a ser lo que fui. Recuperar lo perdido y ganar lo que vendrá. Dejar este rol que he cargado por años, y ser ¡FELIZ!
Fui actriz, de las mejores. Pero me retiro del oficio para buscar mi destino y encontrar mi tan ansiada felicidad.