¿Se imaginan que con un abrir y cerrar de ojos aparecieran en Samoa o Bora Bora, como por arte de magia? ¿Que con sólo mover la nariz el caos de tu pieza se hiciera orden?
Sin embargo, y hasta donde yo se, eso no es científicamente posible. ¿Pero acaso hablaré de ciencia? No lo creo… No por que no veas más allá de tu nariz, implica que no esté ahí.
A mi personalmente me encantaría poder volar. Percibir la increíble sensación de flotar en el aire, sintiendo el viento en tu cara y viendo todo el planeta a una escala diminuta. Además, el ahorro en pasajes aéreos sería descomunal. Me imagino que las aerolíneas no estarían muy contentas.
Pensándolo bien, si tuviera súper poderes, no escatimaría en ellos. O sea, ¡cuántos malos ratos me ahorraría! con el don de la clarividencia. Sucede que yo sí tengo súper poderes. No soy psíquica, no puedo volar, ni mover objetos. Puedo soñar e imaginar todo lo que deseo, incluso aquello que está en mi inconsciente.
Recuerdo que lo último que soñé es que vivía en Utopía. Un mundo perfecto, donde las preocupaciones y problemas no existen. Habitan ahí seres mágicos. Grommo es un elfo. Lo conocí un día que recogía hongos mágicos. Apareció de la nada, con una bizarrísima vestimenta y una aún más extraña mascota. Una mezcla perfecta entre un chihuahua y un Pegaso. Su piel era azul y tenía un gracioso sombrero. ¿Será un pitufo?, pensé. Se rió al ver la influencia que tuvo en mi ver tanta televisión.
Me invitó a su casa a tomar sopa de tartarafu. ¿¡Tarta qué!? Había que correr el riesgo. La decoración de su casa parecía sacada del set de “El Señor de los Anillos”. Grommo parecía la encarnación de Frodo. Comimos la famosa sopa, uno de los más ricos manjares que jamás he probado y probaré. La acompañamos con los hongos mágicos, sí, esos mismos, los rojos con pintitas blancas. Luego de un rato, empecé a sentirme extraña, liviana, y por dios que vi cosas raras. ¿Acaso en Utopía se drogan? ¿No se supone que es un mundo perfecto? Sin embargo, no todo fue tan malo, porque comprobé que borracho es muy improbable ver elefantes rosados, pero bajo el efecto de estas setas mágicas, no sólo los vi, sino que además bailaban a un ritmo celta con influencias del reggeaton. Plop…
Sin duda es la experiencia más bizarra que he tenido. Como también lo fue cuando soñé con un mundo kitsch. Mi vestimenta era realmente MACABRA. Unos pantalones de leopardo, una polera de plush fucsia y unas plataformas des-co-mu-na-les. El peinado era aún peor, como sacado de una peluquería de mala muerte de los 80. Sonaba a todo pulmón, desde una camioneta enferma de chabacana que sin duda le rendía tributo a “Enchúlame la máquina”, René de la Vega. ¿Alguien se acuerda de él? Sólo se que cantaba “Chica Rica”.
Fue entonces cuando conocí a Tony Estrada. Un caribeño alegre como el solo, y de un gusto que dejaba mucho que desear. Animaba todas las noches en el Club “La Cucaracha”. La música, siempre estridente, invitaba a bailar con las más exóticas coreografías. En eso apareció la doble de Paula Abdul, esa cantante de origen árabe que es jurado de “American Idol”. Me sentía completamente ajena a estos bailes. Al ambiente, a la gente y hasta al aire. Sin más remedio me fui a la barra. Pedí un “Pink Flamingo”, trago originario de Miami que, como dice su nombre, era rosado. Ahora, qué contenía, sólo lo sabe el barman. Malo no era en todo caso. Y es lo más parecido que he visto a la famosa limonada rosa. No, no tuvo el mismo efecto que los hongos mágicos (si es que a drogarse se le puede llamar “magia”). Es más, no tuvo efecto alguno, y sumida en mi aburrimiento, le pedí a Tony que me mostrara más cosas de su mundo.
Me llevó a andar en yate por un mar calipso. Como todo en este mundo, el yate era un mundo de excesos y mal gusto. El fondo del yate era de vidrio. Vi medusas de colores, calamares gigantes y jaibas amarillas. Parece que hasta los animales tenían el peor de los gustos. Definitivamente este mundo me agotó. Demasiado estímulo visual, pero del malo.
Estaba a punto de entrar en un mundo llamado “Ibiza”, el paraíso de las fiestas, cuando un sonido infernal me despertó. ¡Maldito despertador! Lo hubiera roto en mil pedazos. En ese minuto sí que quise tener súper poderes, para así poder seguir soñando con mundos irreales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario