jueves, 2 de diciembre de 2010

Un mundo ideal (¿o irritantemente fastidioso?)

Todos sueñan con vivir en un mundo de fantasía, donde trabajar no sea necesario y divertirse obligatorio. Un lugar donde los excesos sean normales, aceptados y celebrados. Conozco a unos cuantos que darían lo que fuera por vivir en un mundo de libertad de acción y conductas de dudosa moral y reputación. ¿Pero qué pasa cuando en lugar de excesos, escasa moral y libertinaje, se vive en un mundo de sonrisas que parecen falsas, moral intachable y conducta recatada?

Recuerdo la irritante película Pleasantville, donde todo era “perfecto”, tan perfecto que era un fastidio. En el mundo en que vivimos, al menos en el que yo vivo, eso de que el marido perfecto llegue a casa con un “I`m home” y su adorable esposa tenga una deliciosa cena servida, prácticamente no existe. Me molesta sobremanera ese absoluto machismo. Yo personalmente, de cocina se un poco más que de física cuántica, y dudo que alguna vez pueda sorprender a mi futuro marido (si que algún día tengo claro) con un sabroso banquete, no por falta de capacidades, sino por absoluto desinterés por las artes culinarias. Me gusta tragar el producto de estas artes, pero para la creatividad, mi interés va por otros ámbitos.

Volviendo al tema del mundo perfecto, es sorprendente la escena en que queda en evidencia que los habitantes de Pleasantville no sólo no tienen ni la más remota idea de lo que es el sexo, sino que, además, seguro deben reproducirse como los organismos hermafroditas o por obra y gracia del espíritu santo. No se quién pueda encontrar perfecto o privilegiado vivir en un lugar en que el sexo simplemente no existe. A lo mejor los curas y las monjas (espero no ofender a los católicos), pero un ser común y silvestre difícilmente podría ser plenamente feliz o al menos conforme con tal abstinencia y celibato. El nivel de neurosis de sus habitantes sería insoportable, y la gente andaría tan tensa que sería más rígida que los postes del alumbrado eléctrico. Embustero es tal que dice que podría llegar a soportarlo…

El mundo ideal socialmente aceptado, donde todos andan irritantemente felices y tienen una moral intachable, se contrapone al mundo que realmente todos sueñan con vivir, un mundo de libertad, donde la moral importe un cuesco con tal de pasarlo bien. Entonces tenemos a Pleasantville enfrentándose a una versión más light de Sodoma y Gomorra. Pero seamos honestos. ¿Realmente quieren vivir en un mundo ficticio tan aburrido, cartucho y acartonado? ¿O prefieren darse todas las licencias que siempre han querido y comportarse como les de la regalada gana? De todo hay en la viña del Señor, y sobre gustos, no hay nada escrito…

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